Malla de contención

 


Hace unos meses me di cuenta que la malla de contención, aquella que debía ser irrompible siempre había sido una ilusión, existía sólo en mi imaginación, caminaba en aquella cuerda como si estuviera debajo de mí, pero cuando miré hacia el vacío sólo eso encontré. 


Hacia atrás, la gente me empujaba, pero hacia el frente nadie me esperaba. De tanto que había estado ahí, sin moverme, incluso quienes habían esperado entretenimiento o accidente, se marchaban, charlaban entre ellos o dormían. 


Y luego pensé, si he avanzado hasta aquí sin red, puedo seguir sin red. Avanzaré lo suficientemente rápido para que nadie me empuje y lo suficientemente lento para que nadie me vea. 


No necesito que nadie extienda su mano al final de la cuerda, porque probablemente sólo sea su trabajo extender esa mano. Sin nadie al final, puedo tomarme mi tiempo, incluso al llegar podría sentarme un momento y descansar. 


Pero es un momento fugaz, porque mis pies aún están en esta cuerda podrida y temblorosa, y porque veo el vacío y me sonríe cálidamente dirigiendo su mano hacia mí. Lo miro y sigo adelante, lo miro y sigo adelante, lo miro y sigo adelante... lo miro... 

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