LO QUE HAY EN MI...
No sé por qué insiste mi inconsciente en entregarme a las garras de la desmemoria y en ella a mancharme con la inmundicia de lo mundano, si ya había decidido entregarme al mundo de las ideas, por qué continúa arrancándome de él... la respuesta no ha sido más que enojo por mi convicción rota, por la fuga de acciones fuera de mi control.
Todo lo que desdeño se transforma en mi... y aun así sé por qué está ahí... sé la función que tuvo, esa grosera actitud, esa altanera violable, ese ente manchado, eso me tomó en sus brazos, tapo mis ojos, mis oídos y mi memoria. Sé que pide mi atención, sé que esono duerme tan bien como yo, y de vez en cuando también logra su objetivo: logra entregarme a las garras de la ansiedad, se entrega para dejarme ver una ínfima porción de lo que vive y recuerda por mí. Y aunque sigo con los sentidos embotados la ansiedad despierta siempre con la sensación de las manos manchadas en sangre, con la barriga llena de carne, con el sudor de mi frente y las infinitas nauseas.
Y son los otros, los terceros, quienes entregan sus mensajes, nunca se dan cuenta que se dirigen a mí y no a ellos.
No confío en ti, no confíes en mí, no confíes en él. Cuántas veces lo dijo y yo no lo escuché... y seguí confiando... Si muero será tu culpa. Mí culpa. Su muerte lo fue y me recuerda que la llevo a cuestas.
¡Ven!... aún me llama, a veces lo hace, y yo voy...
Sabe también que si quiero escucharla tendré que humillarme al preguntar, surgirán dudas y cuestionarán – tal vez con buena razón- mi sanidad mental... y, aun así, pregunto.
Cada tanto, exige mi atención y me tortura y me quita el sueño, como yo lo hice en su momento.
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