Los hermanos noviembre.
Me topé con ellos a inicio de noviembre. Eran muy jóvenes cuando fueron abandonados y eran trillizos aunque no se parecían en nada.
Uno era moreno, de carácter adusto; el otro, tímido y
miedoso, tenía la piel llena de manchas; al tercero nunca lo vi.
Mientras uno te recibía a gritos, el otro sólo lloraba, al
tercero sólo lo escuché aquella primera vez, un sonido solitario y bajo.
Al inicio les llevaba alimento y cobijo, pero no parecían
ser el interés de nadie más y pronto decidí que tal vez la suerte debía decidir su
destino.
Esos días fueron terribles. Me comía las uñas pensando en
ellos. Pensando que a lo mejor yo había sido parte de su suerte y que tal vez
se las había arrebatado.
Con ese pensamiento carcomiendo mi mente, volví a finales de
noviembre a buscarles.
El hermano fuerte, protector de los hermanos, yacía
sobre el suelo, enfermo y moribundo, con respiración pausada y trabajosa, abandonado.
No había salvación para él.
Un quejido llegó de la distancia, el otro hermano, aunque
débil seguía saludable, y recibió bien la comida que llevaba, pero por supuesto
se mantuvo a distancia del cuerpo enfermo de su hermano.
Ahora creo que el tercero nunca existió…
Regresé al día siguiente: el fuerte había muerto, el miedoso
había huido y el tercero se había convertido en una alucinación.
A veces paso frente al cuerpo del caído, me detengo
esperando que esté bien. Pensando en las consecuencias de mis actos, sabiendo
de cierto los duros resultados de ellos. Aunque tal vez no equívocos….
El débil y lloroso hermano se integró a un nuevo grupo que
lo ha podido defender y se ha vuelto, poco a poco, más fuerte.
Yo sigo visitando los huesos del otro hermano.
Y creo que el tercero se ha vuelto el peso en mi memoria.
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