EL ESTADO DEL DOLOR

Un día me levante con dolor 
y después no me levanté más.

El dolor no me dejó dormir, caminar, sentarme, tomar agua o comer.
El dolor no me dejo dibujar, pintar ni soñar.
El dolor oxidó mi mente, mi lenguaje y mi mirada.
El dolor, ¡aquel pesado e incongruente! llegó y ya no se fue.

Lloré, me agité, me congelé, grité, me encaracolé...
me moví y moví intentando hallar ese punto sin dolor, 
pero no existió.

Mientras mis ojeras se marcaban, los cabellos se ponían grises.
Mientras mis labios de secaban, mis manos se crispaban.
Mientras mis piel sudaba, mi interior estallaba, trituraba, encogía y expandía...

Un día me levanté, 
y yo ya no fui YO.

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